144. Haz silencio interior y exterior, para que aprendas a escuchar mi voz
14 de junio de 2014. Desierto de Amor

[Jesús, en este día tengo sed de ti, sed de tu Palabra, sed de tu Amor, de tu Bendición. En este día quiero experimentar tus besos, tus abrazos; traigo algunas fatigas. En lo profundo de mi corazón hay angustias, preocupaciones; algunas cosas tratan de distraerme y de separarme de ti.
Hoy he venido a Ti, queriendo escuchar tu voz desde el silencio de tu Sagrario, porque me siento cansado, y solo en Ti hallaré fuerzas para continuar la marcha, para no dejarme amilanar ni derrotar por la tentación, para abrazar la cruz y aceptar la prueba como Tú te dignes enviármela.
Hoy, Señor, déjame entrar por la herida abierta de tu costado; quiero llegar a tu Sagrado Corazón y beber de tu paz, beber de tu Misericordia.
Dame la gracia de escuchar tu voz, háblame en lo profundo de mi corazón, porque tus palabras me embriagarán de amor, elevarán mi espíritu a la contemplación, al disfrute, a la alegría verdadera, a la felicidad perdurable. Hoy, Señor, hazme sentir tu aroma celestial; aroma que eclipsará mis sentidos, pero Señor, he venido a Ti porque el ruido del mundo me aturde, y sé que en el silencio Tú me hablas; sé que el Sagrario, el tabernáculo donde Tú resides, es el lugar en el que hallo reposo, quietud a mi espíritu agitado.
Y una dulce voz habla en lo profundo de mi corazón y dice:]
Hijo, pensando en ti, te he propiciado este encuentro; pensando en ti, te saqué de las cosas del mundo, de los afanes del día, porque tengo muchas cosas para decirte. Muchas palabras han de descender a lo profundo de tu corazón como brisa suave; y hoy quiero que vivas la experiencia de un encuentro de amor Conmigo; hoy quiero que vivas la experiencia de un desierto en mi Sagrado Corazón. Y para que mi gracia divina penetre en ti con toda su fuerza, sosiega tu interior, entrégame pensamientos inútiles, y fija tu mirada solo en Mí.
Para que nuestro encuentro produzca frutos abundantes: no te distraigas, abre tus oídos a mis palabras; deja que el fuego de amor, que arde en mi Divino Corazón, te abrace para hacer cenizas tus pecados, para quemar definitivamente el hombre viejo que aún hay en ti.
Este Desierto de Amor en mi Sagrado Corazón, ha de ser una oportunidad más en tu vida; porque sé que las preocupaciones aceleran tu corazón; sé que por momentos la tentación te golpea, te zarandea y te hace tambalear; sé que las enfermedades debilitan tus fuerzas; sé que los vacíos de tu corazón aún no han sido canalizados con mi amor.
Este Desierto de Amor, en mi Sagrado Corazón, ha de ser una manifestación más de mi Amor por ti, por eso háblame con sinceridad de corazón, desnuda tu alma, no te calles; pídeme que oriente tu vida, pídeme que haga algo por ti, y mi Misericordia no se hará esperar, algo nuevo sentirás en tu corazón, mi fuerza divina te despertará y te llevará a postrarte a los pies de mi santa cruz.
Y si quieres, cuéntame con pormenores de detalles todas aquellas situaciones que afligen tu corazón; todas aquellas situaciones en tu vida que a nadie le has contado porque te avergüenzas o porque tienes miedo a la censura, a la crítica mordaz.
Y si quieres, entrégame tus ataduras, aquellas esclavitudes que aún hay en ti; aquellas cadenas que te impiden caminar en libertad; te desataré, pondré sobre tus espaldas alas de paloma. ¿Por qué te afliges? ¿Por qué te angustias? ¿Por qué sentirte solitario y abandonado cuando jamás has estado solo? Hoy, mírame en la cruz; hoy, mira mis manos perforadas, mis pies unidos por un grueso clavo; hoy, mírame coronado de espinas; algunas gotas de mi Sangre preciosa han formado coágulos en mi divino rostro, algunas lágrimas ruedan por mis mejillas.
Hoy, mírame como Víctima Divina, a punto de ofrendar mi vida por amor a ti. Acepté el sufrimiento de mi Sagrada Pasión sin lamentos; caminé por la calle de la amargura, ávido de que mi cuerpo santísimo fuera extendido en el madero de la cruz, porque la salvación de las almas consumía mi Corazón en un fuego devorador. Y tú, ¿de qué manera asumes la cruz? ¿De qué manera aceptas la prueba? ¿Acaso reniegas? ¿Acaso pones en cuestionamiento los planes divinos que tengo trazados en tu vida? ¿Acaso has querido esconderte como Jonás? Hoy quiero embellecer tu alma, hacerla más radiante, más luminosa; no declines en tu caminar, no declines en tu vida espiritual, no andes en retroceso; camina, más bien, en dirección a Mí. Eleva tu mirada al Cielo, une tu corazón al mío; y cuando te sientas abatido, cuando creas que los problemas no tienen solución, cuando te sientas indefenso, cuando creas que tu vida corre alto riesgo de perderse, cuando te sientas perseguido como cervatillo, por el león hambriento, refúgiate en Mí, abandónate por entero a Mí, porque nada te sucederá. Y si aún sientes que tu vida no tiene sentido, si aún no has descubierto la misión a la cual te he llamado: pídeme con espíritu de fe, no me dirijas oraciones agitadas, confía en Mí, iluminaré tu camino.
Hoy haz silencio interior y exterior para que aprendas a escuchar mi voz; y si quieres, piensa solo en Mí, ocúpate de mis cosas que Yo me ocuparé de las tuyas.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
