45 . Búscame en el Sagrario, háblame, cuéntamelo todo
6 de Febrero de 2014. Monasterio Cisterciense. Perú

Ámame y adórame, glorifícame, repara por tus pecados y los pecados de todos los hombres; mira la soledad en que me encuentro, abandonado en algunos Sagrarios de la tierra. Me he hecho reo del amor por toda la humanidad, ¿y qué he recibido a cambio de las criaturas? Desprecios, ingratitudes.
Hoy, jueves eucarístico, jueves sacerdotal, pide por todos los sacerdotes y consagrados del mundo entero; pide por estos hombres y estas mujeres valerosas que han salido de sus familias, de sus ciudades, de sus pueblos, de sus países, y lo han dejado todo por Mí.
Y si tú sientes, en tu corazón, que las cosas del mundo no te llenan; si aún sientes que hay un vacío dentro de ti, que nada, absolutamente nada te lo llena, búscame en el Sagrario que me dejaré encontrar por ti; ya sabes que nuestro punto de encuentro es el tabernáculo.
Cuando estés frente a mi presencia eucarística, háblame, cuéntamelo todo, como cuando tú buscas un buen amigo y le cuentas tus penas, tus aflicciones, tus tristezas; haz lo mismo Conmigo, te escucharé, te mostraré la solución a tu problema. Si no te sientes amado, si eres incomprendido, en Mí encontrarás el verdadero amor, deleite para tu alma, gozo y sosiego para tu espíritu; y si aún no has descubierto el pleno sentido a tu vida; si aún no sabes qué rumbo tomar, pregúntame cuáles son los designios de amor que tengo trazados para ti, y te mostraré el camino a seguir, el camino que debes emprender; todo te lo aclararé, nada incierto quedará albergado en ti.
Si sientes que solo en Mí tu corazón halla descanso; si sientes que solo en Mí encuentras la felicidad que tanto ansías, no vaciles en decirme "si"; por qué experimentar temor en dejarlo todo por Mí cuando Conmigo todo lo tendrás, no carecerás de nada; Yo suelo pagar el ciento por uno.
Y si miras hacia atrás y descubres que hay recuerdos tristes en tu vida, heridas en tu corazón que aún no han sido sanadas; si miras en la etapa de tu infancia, de tu niñez, de tu adolescencia, y descubres que hay recuerdos dolorosos, pídeme que te sane, que aplique ungüento de mi Amor Divino en tu corazón y las heridas cicatrizarán, empezarás a vislumbrar un panorama esplendoroso, un mundo más justo, más humano.
Comprende, hoy, que nada en la vida es casualidad; todo lo que acontece en tu vida lo he permitido para que crezcas en virtud, para que te aferres y te adhieras únicamente a Mí. No creas que has llegado a este lugar movido por un impulso humano, un deseo tuyo; he sido Yo el que ha motivado tu corazón para que vengas y te encuentres a solas Conmigo en el Sagrario.
Tantas cosas tengo para decirte, tantas bendiciones tengo para derramar en ti, en tu familia; pero afuera, el ruido del mundo, la música, las personas que van y vienen, impedían que escucharas mi voz, por eso decidí traerte a este desierto de amor. Quería verte sumido en contemplación, en adoración; quería verte sumergido en mi misterio de amor, misterio de amor que solo los humildes, los sencillos, los que tienen corazón de niño, lo comprenden; misterio de amor que ha cautivado a hombres y mujeres en todas las culturas y en todas las épocas.
Tú sentías, en lo profundo de tu corazón, el deseo de soledad, el deseo de vivir una experiencia viva de amor, el deseo de mirar un nuevo horizonte, una nueva perspectiva en tu vida.
Este tiempo que te he concedido es oro, oro puro, por eso aprovéchalo, no pienses en nadie más que en Mí. Si quieres, puedo suspender, en este mismo instante, las manecillas del reloj, puedo suspender el tiempo; solo quiero aumentar en ti el amor, la ternura; solo quiero aumentar en ti la sed insaciable de Dios, el deseo de ser santo, de trabajar arduamente en la tierra para que te ganes el Cielo. Te invito a que te separes del mundo, no te comportes como los que son del mundo, compórtate como lo que eres: mi hijo amado, hijo de Dios, hijo con un corazón cargado de esperanzas, de ilusiones; hijo que se quiere desgastar en mi obra, hijo que quiere ser obrero y operario de mi mies.
Ora por tantos jóvenes que quieren encontrar sentido a sus vidas pero se han equivocado, han caído en el pecado, han caído en las garras de Satanás; ora por los jóvenes que quieren arriesgarse a dejarlo todo por Mí, pero hay un temor en sus corazones, temor de separarse de sus familias, de dejar sus estudios, de dejar sus trabajos y aventurarse a andar por un camino aparentemente incierto e inseguro; ora por estos jóvenes, porque a algunos de ellos los quiero como sacerdotes, como religiosas; los quiero como misioneros que lleven mi Palabra, mi Evangelio por todo el mundo, pero hay algo que les impide ser libres, totalmente libres.
Ora, también, por las familias divididas; las familias que han sido fuertemente golpeadas por el divorcio, por el adulterio; ora por las familias que han sido golpeadas por la droga, por el alcoholismo, por el satanismo; ora por las familias que me han cerrado las puertas de sus hogares y no me han dejado entrar, no me han dejado reinar en sus vidas.
Ora por las almas que caminan directo a la perdición; agradéceme, porque algo nuevo y algo grande estás sintiendo y experimentando en tu corazón; agradéceme, porque mi mirada de amor la he puesto en ti, porque he pronunciado tu nombre, nombre que llevo escrito y tatuado en las palmas de mis maños; agradéceme, porque buscas la trascendencia, me buscas a Mí.
