126. Yo soy la luz del mundo
19 de mayo de 2014.

Quiero que, en este instante, me dirijas una oración brotada desde lo profundo de tu corazón.
[Jesús, Tú sabes que a veces se me dificulta hablarte, que no encuentro palabras para expresarte todo el amor que te tengo; a veces me siento inútil, torpe para manifestarte el gran cariño, la locura de amor que hay dentro de mí por Ti.]
¿Acaso te pido elocuencia? Basta con que me digas: "Jesús, te amo, eres lo más importante para mí"; esto es oración.
[Jesús, eres la única razón de mi existir, eres mi dulce obsesión; pienso en Ti, desde el mismo instante en que abro mis ojos; aun, cuando voy de salida; aun en medio de personas, mi corazón late de amor por Ti. Tú ocupas mis pensamientos y mi corazón.
Sin Ti me moriría de tedio, de melancolía, me sentiría como un cero a la izquierda, mi vida no tendría valor; hoy quiero expresarte mis sentimientos cargados de una alta dosis de amor, porque Tú eres mi todo y yo soy tu nada. Tú eres la luz divina que iluminas mi caminar, eres el suave y delicado perfume que embriaga mi alma con tu ternura; Tú eres la única razón que me impulsa a caminar tras tus huellas, porque sé que algún día me tendrás frente a Ti. Añoro aquel majestuoso e importante momento en mi vida. !Oh Jesús!, y ¿ cuándo será aquella bendita hora y bendito día, en que Tú decidas llamarme?]
Hijo mío, aún te falta un camino por recorrer, a pesar de tu miseria y de tu nada, tú me glorificas, me das a conocer; estás decidido a vivir una aventura de amor Conmigo. Por eso te necesito por unos años más en la tierra para que les infundas a todos mis hijos la necesidad de reparar por sus pecados y los pecados de toda la humanidad, para que les hagas saber que estoy vivo; que el Espíritu Santo aletea y desciende sobre los humildes, sobre los pequeños; para que les des a conocer que este Diario Espiritual es un regalo más que quiero entregar a todos los hombres.
[Yo temo, Señor, al qué dirán; temo, Señor, que mi corazón se inflame de soberbia, de orgullo, cuando eres Tú el autor de este libro.]
Agustín, tú solo préstame tu corazón para Yo hablarle a la humanidad entera; solo préstame tus manos para Yo mismo escribir mis lecciones cargadas de alta dosis de amor y de ternura; solo préstame tus pies, y ve a anunciarle al mundo entero la Buena Nueva; solo préstame tu miseria para Yo glorificarme en ti, en todas las almas que empiecen a sentir tedio por las cosas del mundo y ansíen la vida eterna, vida verdadera, vida de plenitud y de gracia.
[Tú ya sabes Señor, que no me pertenezco, soy tuyo y, como tal, dispón de mí como quieras; si quieres, ponme a trabajar en tu obra las 24 horas del día; róbate mi sueño para poder recrearme Contigo en la soledad de tu Sagrario, para poder consolar tu Corazón, para poder reparar todo el daño que te he hecho.]
Basta que cumplas a perfección con la misión que te he conferido; eres alma reparadora, eres víctima de mi Amor Divino y, como tal, muchos días te crucificaré Conmigo en el madero de la cruz, y algunas veces te daré a beber del cáliz de la amargura, pero no tengas miedo, la cruz que te envíe no podrá ser superior a tus fuerzas.
[Señor, estoy dispuesto a sufrir por Ti, a padecer por amor a las almas; yo soy débil, aún tambaleo en mi caminar espiritual, por eso no te separes jamás de mí.]
Deja que mi gracia actúe en ti con toda su fuerza, deja que sea Yo quien te muestre el camino a seguir, que evite que te desvíes a izquierda o a derecha; deja que mi amor te lleve a un abandono absoluto y excesivo en Mí.
[Tú eres mi Dios y mi todo, Tú eres lo más amado y apetecido de mi pobre corazón, por eso estoy dispuesto a dar mi vida, si fuese posible; no quiero verte sufrir, padecer soledad, abandono en los Sagrarios.
Y una luz ardiente, luz dorada y plateada, mezclada con algunos colores tenues, brotan del Sagrario, y su voz melodiosa y tierna me dice:]
Yo soy la luz del mundo, quien me sigue, no caminará en tinieblas ni en oscuridad.
[Y después de un corto silencio, Jesús habla de nuevo a mi corazón y dice:]
Sé hijo de la luz, mas no de las tinieblas; sé centinela del tabernáculo de mi Amor Divino, y los potentes rayos de luz que brotan de mi Sagrado Corazón, penetrarán en lo profundo de tu ser, causándote una herida de amor que te unirá a Mí, te hará aún más sensible a las manifestaciones divinas y más receptivo a mi voz. Te llevará a derramar lágrimas por Mí; herida de amor que producirá, en ti, repugnancia absoluta por el pecado, horror por las penas y sufrimientos del infierno; herida de amor en la que tu respiración se confundirá, sin cesar, con mi respiración.
[¡Oh Señor!, si quieres, en este mismo instante, traspasa mi corazón de lado a lado; soy todo Tuyo, solo a Ti quiero servir.]
Entonces, haz lo que tienes que hacer: reparar las injurias y ultrajes que recibo diariamente en todos los Sagrarios de la tierra, y ser lápiz desgastado de punta roma entre mis manos. Lo que hoy te digo, servirá de alivio y consuelo a muchas almas, despertará en muchos de mis hijos amor a la cruz, al sacrificio; lo que hoy te digo, será una muestra clara y palpable, de que mis palabras calan en lo profundo de muchos corazones; porque si fueran palabras de hombres, de momento producirían paz y, después, caerían al vacío.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
