142. Hoy te invito a que me conozcas en profundidad
2 de junio de 2014.

Hoy te invito a que me conozcas en profundidad; escucho decir muchas veces: "conozco a Jesús"; y lamentablemente estas personas no se han tomado el interés y el gusto de conocer y meditar mi Evangelio, y no pueden decir que me conocen en plenitud.
Hoy te invito a que te acerques a Mí, y una vez estés cara a cara Conmigo sentirás cómo los latidos de tu corazón se aceleran; quizás no te atreverás a decirme nada, quizás las lágrimas brotarán de tus ojos copiosamente; quizás te sonrojarás porque te conozco. Sé quién eres, escruto tu corazón con mi mirada y sé de tus sentimientos, tus emociones; observo, además, unos pequeños nubarrones en tu alma que impiden que mi luz divina entre en ti con toda su fuerza y todo su resplandor. Y te preguntarás: ¿ qué he de hacer, Señor, para que los rayos de tu luz iluminen mi corazón?
Y Yo, tiernamente te responderé: "acércate a Mí, te he estado esperando en el tribunal de mi Misericordia, no te censuraré por tus pecados y tus debilidades, no te haré ningún reclamo porque te amo, y mi amor por ti es único y verdadero".
Cuando se ama de veras, se perdona, se justifica; cuando se ama de veras, todo, absolutamente todo se perdona; mi amor por ti es más profundo que un océano, es más vasto que el firmamento alfombrado de azul o el cielo embellecido de estrellas. Y hoy, quería hablarte en lo profundo de tu corazón porque necesitas de Mí, necesitas de alguien que te escuche, de alguien que te muestre la solución a tus problemas o la cura para tus enfermedades.
Muchas veces te he visto caminar afanosamente, vas de un lugar a otro y los vacíos que hay en ti, persisten. Muchas veces te he visto esconderte para que no te vean llorar y, sin darte cuenta, con la punta de la orla de mi manto he secado tus lágrimas y te he estrechado a mi pecho, y los latidos de mi Corazón se han fusionado de amor con los tuyos.
Espero que no te sorprendas de la manera como he llegado a ti en este día, espero que mis palabras despierten tu corazón al amor, a la reconciliación; espero que mis palabras despierten tu espíritu a la fe, porque en mi nombre podrás pasar en medio de las llamas y no te quemarás, en mi nombre podrás pasar por ríos y no te ahogarás, en mi nombre podrás decirles a las montañas: "córranse", y ellas te obedecerán; podrás hacer los mismos milagros que Yo hice, y aun mayores, pero si tienes fe en Mí. Y, ¿por qué no me entregas, de una vez por todas, tus problemas, tus angustias?
¿Por qué no me entregas, de una vez por todas, los vacíos de tu corazón, la vida sin sentido? ¿Por qué no me entregas, de una vez por todas, tu indecisión para seguirme? Porque muchas veces he escuchado de tus labios jurarme amor eterno, muchas veces has llegado a mi presencia Eucarística y te has atrevido a plantearme soluciones a tus dificultades o has querido hacer canjes Conmigo, y atas mis manos, no dejas que tu vida trascurra en mi Divina Voluntad, pero sé que hoy, a partir de nuestro encuentro, ya no serás el mismo.
No me cuestiones más el porqué de las situaciones que te estoy permitiendo vivir, para algunas de ellas no encontrarás la respuesta mientras vivas, todo lo comprenderás con mayor claridad el día que estés cara a cara Conmigo en el tribunal de mi Divina Justicia. Lo que los hombres no han podido comprender es que la cruz, la prueba, trae un raudal de gracia escondida.
Hoy, haz el propósito de crecer cada día más, de dejar a un lado la mediocridad, la pereza; de hacer historia en el lugar donde estés, de dejar huella de amor. No te creas más que los demás, sé humilde, humíllate; considérate el más pequeño de los pequeños, y así mi Gloria reinará en ti; no pienses más en tu pasado. ¿Acaso no sientes que te he perdonado? ¿Acaso crees que Yo soy de aquellos que recrimina, censura y vuelve a recordar las debilidades, los errores? No, hijo amado, cuando un alma se arrepiente de corazón y confiesa sus pecados, de inmediato arranco esas páginas del libro de la vida, por eso experimenta mi perdón, mi Amor, mi Misericordia; no quiero que te hagas más daño.
Me he dejado encontrar por ti de una manera inusual, no te lo esperabas, pero Yo he decidido llegar a ti porque tu alma corría el alto riesgo de perderse. Toma en tus manos el remedio para tus enfermedades morales y espirituales, porque, en la medida que repares tus pecados, las cicatrices de tu alma se borrarán; en la medida que repares tus pecados, menos tiempo de purificación tendrás; porque al Reino de los cielos nada manchado entrará. Y, ¿por qué razón, algunas veces te sientes solo, cuando me tienes a Mí, cuando Yo jamás me he separado de ti? No mendigues más amor a las criaturas; soy el mendigo del amor y te puedo dar amor que rebose tu corazón; sé feliz, muchos se creen felices, sueltan risas estrepitosas, sus ademanes y posturas llaman la atención y sus corazones están vacíos, no han experimentado mi Amor, y pareciera ser que llevasen puesto sobre sus rostros máscaras que disimulan su amargura, su melancolía; máscaras que impiden mostrarse tal y como son, pero tú me has encontrado, has descubierto el lugar en el que vivo, tú me has experimentado, me has palpado con el tacto de tu corazón; por ende, regocíjate con mis palabras, bebe del agua viva que brota de la herida abierta de mi costado y limpia tu alma, estoy tocando las puertas de tu corazón, y espero que me las abras de par en par, ya que quiero reinar en tu vida, quiero hacer de ti alma reparadora de mi Sagrado Corazón.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
