Mi Sagrado Corazón sobreabunda en Amor, en Misericordia

141. Mi Sagrado Corazón sobreabunda en Amor, en Misericordia

2 de junio de 2014. 

[Jesús, me llamaste en este día, me hablaste al oído y tus palabras descendieron a lo profundo de mi corazón, por eso aquí estoy queriéndote amar, estoy dispuesto a darlo todo por Ti; me siento ávido de tu Palabra, necesitado de tu amor y de tu Misericordia; estoy dispuesto a dejarlo todo por el Todo que eres Tú. 

Hoy Señor, quiero entregarte mi cansancio, mis enfermedades, mis tristezas; hoy, Señor, quiero entregarte los secretos más ocultos que traigo dentro de mi; porque Tú lo conoces todo, absolutamente todo; hoy quiero experimentar tu abrazo de padre tierno. Tú sabes que, por momentos, soplan sobre mí vientos fuertes, descienden sobre mi lluvias impetuosas, y solo Tú me has sostenido, solo Tú has dado sentido pleno a mi vida.

Y Jesús, en este instante, me habla al corazón, me susurra al oído y me dice:]

He pensado en ti y, porque te amo, te he traído al jardín florecido de mi Sagrado Corazón, porque sé que traes algunas cargas; sé que traes algunos problemas, aún no solucionados; sé que tus debilidades te han hecho caer y, pensando en ti, mirándote con ojos de Amor y de Misericordia, hoy quiero darte descanso, hoy quiero henchir tu corazón de Paz; hoy quiero sanar tus heridas, tus recuerdos; hoy quiero aliviar tus sufrimientos, hacer que tu cruz, sea más liviana, pero necesito que me escuches, necesito que abras tus oídos a mi voz, y que nada ni nadie te distraiga; necesito que tu mirada esté puesta solo en Mí. ¡Ah!, sé que por algunos momentos mi voz ha caído al vacío; sé que por algunos momentos el agite del día, tu trabajo, tus ocupaciones te han separado de Mí, pero hoy de nuevo, estoy hablándote al corazón; hoy de nuevo, susurrándote al oído mi "te Amo".

Quiero darte la oportunidad para que me lo cuentes todo; quiero darte la oportunidad para que postres, a los pies de mi santa cruz, tus dudas, aquellas situaciones que en tu vida no comprendes, aquellas limitaciones que son difíciles de aceptar pero que ahí están. ;Ah!, déjate amar por Mí, y comprenderás que mi amor no tiene límites; déjate amar por Mí, y comprenderás que el amor de los hombres es imperfecto, condicionado.

[Me dejo amar por Ti, Señor, porque algunas veces pensé recibir todo de los hombres y me olvidé de Ti, esperé recibir consuelos humanos, esperé recibir muchas cosas de las criaturas humanas; y hoy, de nuevo, comprendo que solo Tú me bastas; solo Tú rebosas, con tu amor, la medida de mi corazón; solo Tú das pleno sentido a mi vida. Y hoy te entrego mi ansiedad, mis angustias, hoy te entrego mis crisis interiores; son tantas, Señor, Tú las conoces; a veces río cuando mi corazón llora de dolor; a veces sonrío cuando mi alma está melancólica, por eso te pido que me abraces. Préstame tu hombro, sin abusar de tu Misericordia, para llorar en Ti, descansar en Ti; déjame que recueste mi cabeza en tu pecho santo porque tengo miedo a un futuro incierto; tengo miedo a la enfermedad y al dolor, a perder las personas que más amo; cuando Tú eres el dueño de la vida, cuando Tú todo lo dispones de acuerdo a tu Divina Voluntad.]

Haces bien en hablar Conmigo de Corazón a corazón, haces bien en contármelo todo; haces bien en sacar de ti tus preocupaciones, tus temores; recuerda que el amor hecha fuera el temor, y Conmigo todo lo puedes. A nada has de temer, así te sientas débil e indefenso; a nada has de temer porque Yo mismo me encargaré de protegerte, Yo mismo te esconderé en la herida abierta de mi Sagrado costado y te alimentaré con mi amor, nutriré tu espíritu y te haré fuerte; fuerte para batallar contra las huestes del mal, fuerte para que te venzas a ti mismo y domines el potro salvaje que llevas dentro; ya no quiero verte sufrir más, ya no quiero que tu pasado, tu historia, vuelva a revolcar tu interior, y la turbación te haga tambalear.

[¿Quién soy yo, Jesús, para que en este día me hables en lo profundo de mi corazón? ¿Quién soy yo, amadísimo Jesús mío, para que des respuestas a mis preguntas, para que aclares mis sentimientos y derritas de amor mi corazón? Mi vida ha sido un completo vaivén, mi vida se asemeja a las olas en alta mar; unas veces te juro amor eterno, otras veces te he dicho que estoy dispuesto a dar mi vida por Ti, cuando soy cobarde, pusilánime, cuando el miedo me lleva a hacer lo mismo que hace el avestruz: trato de esconderme cuando estoy visible al enemigo, trato de esconderme cuando tu mirada siempre está puesta sobre mí.

Perdón Señor, por mis continuas quejas y lamentos; perdón Señor, porque sabiendo que Tú eres el médico Divino que todo lo sanas, por momentos dudo, y la agitación en mi corazón me separa de Ti. Perdón Señor, porque hoy comprendo que no he abierto plenamente mi corazón al perdón, y me falta perdonar a tantas personas que, en el trayecto de mi vida, me han herido, me han lastimado; el mero hecho de pensar en ellas, enerva mi espíritu; es como una hiel amarga que corre por mis venas cuando perdonar no es olvidar, cuando perdonar es recordar sin dolor, sin resentimiento; y Tú eres ejemplo vivo del perdón.]

Estando en la cruz, padeciendo los dolores más intensos y acérrimos de mi sagrada pasión, pedía Perdón al Padre eterno por todos los que me injuriaban, por todos los que habían descargado sobre mi cuerpo santísimo latigazo sobre latigazo; pedía perdón por los que me habían desnudado y vestido con un traje de irrisión y de burla, pedía perdón por aquel soldado romano que había descargado sobre mi divino rostro una bofetada; pedía perdón por aquel pobre hombre que, de manera cruel, puso sobre mi cabeza una burda corona de espinas; pedía perdón por aquellos soldados romanos que, sin misericordia, extendieron sobre el madero de la cruz mi cuerpo y descoyuntaron mis huesos, y clavaron mis manos y mis pies; pedía perdón por el ladrón que, desde la cruz, me retaba a salvarme a mí mismo y a salvarle a él, cuando la cruz trae un misterio escondido de gracia y de bendición, cuando mi muerte en cruz redimiría al género humano de todo pecado, cuando mi sufrimiento vencería a Satanás; cuando mi último suspiro en la cruz daría libertad, total libertad, a los esclavos por el pecado.

[¡Oh Señor! En este día reconozco mis equivocaciones, porque mi amor por Ti ha sido un amor imperfecto; aún no he aprendido a amarte, aun mi corazón huele a mundo, a pecado.]

Pero recuerda, hijo mío, que mi Sagrado Corazón sobreabunda en Amor, en Misericordia; recuerda que, si vienes a Mí como hijo pródigo, te abrazaré, pondré en tus pies nuevas sandalias y ceñiré en tu dedo una argolla; si llegas a Mí como hijo pródigo, quitaré los viejos ropajes que llevas puestos y te vestiré con ropas nuevas.

[Aquí estoy, Señor, como hijo pródigo, porque he malgastado tu herencia, el mundo me cautivó y me separó de Ti, el pecado ha deformado mi alma que solo Tú Señor, puedes trasformar, renovar espiritualmente; solo Tú. 

Señor, puedes esculpir de nuevo en mi, tus rasgos divinos. Quiero que mi vida te pertenezca, quiero vivir en Dios y para Dios, quiero ser verdadero apóstol de tu Sagrado Corazón y, desde hoy, prometo reparar en vida mis pecados; quiero reivindicarme de mis fallas, de mis errores; son tantos, Señor, que temo mirarte a los ojos, temo defraudarte, temo lastimarte de nuevo.]

Pero solo en Mí hallarás la fuerza, solo en Mí lo hallarás todo, porque mi Corazón es como un libro de oro en el que las almas hallan la sabiduría y la virtud necesaria para que sean santas.

Hoy quiero revelarte algunos misterios escondidos de amor, hoy quiero darte algunas lecciones de amor para que seas perfecto, y tu vida, óyelo bien, tu vida sea una copia perfecta de las virtudes que embellecen mi Sagrado Corazón.

[Jesús...]

No me digas nada, haz silencio, guarda mis palabras en tu corazón, medita en ellas; y cuando la tristeza vuelva a ti, toma mis palabras como oasis de paz, toma mis palabras como lluvia fresca descendida del Cielo; lluvia que empapa la aridez de tu corazón y hace de ti hombre nuevo, criatura nueva.

FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.     

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