156. Hijo, este Diario lo he escrito para ti
24 de junio de 2014.

Hijo, este Diario lo he escrito para ti, porque conozco tus debilidades y tus miedos, porque a tu vocación llegarán momentos de sacudidas fuertes.
La vocación es un camino espléndido, camino embellecido de rosas de variados colores y profusos aromas, pero también, un camino de espinas, y suelo probar a los consagrados; suelo pasarlos por el fuego de mi Amor Divino para purificarles el alma y limpiarles el corazón.
Si hoy te sientes triste, en Mí hallarás la alegría; y si hoy sientes que no podrás continuar el camino al que te he llamado, en Mí recibirás la fuerza, la tenacidad que necesitas para llegar hasta el final. Desdichados aquellos que han sido llamados a la vida consagrada y se han desviado de mi camino; desdichados aquellos que han sido llamados a la vida consagrada y me han sido infieles, me han cambiado por los deleites del mundo, por un gozo pasajero y transitorio; desdichados aquellos que elegí desde el vientre de sus madres, sin Mí jamás podrán ser felices, los vacíos de sus corazones los llevarán a cometer torpezas, errores que después lo lamentarán y llorarán.
Y si hoy tienes dudas de tu vocación, refúgiate en mi Sagrado Corazón y escucharás cómo los latidos de mi Corazón son balbuceos de amor por ti. Lo dejaste todo por Mí, te separaste de los que más amabas, te recompensaré por ello. Renunciaste a una profesión, a constituir familia; te recompensaré con el ciento por uno.
A todos los hombres los amo por igual, pero a los consagrados los amo con locura. Tu vocación es una vocación sublime y celestial, tu vocación te debe llevar a la consecución de la felicidad; y quiero desposarte; quiero llevarte al altar como el novio lleva a su novia para firmar un pacto de amor por medio del sacramento del matrimonio y de la bendición sacerdotal, quiero llevarte a las bodas del Cordero. Dime que estás dispuesto a perpetuar tu "sí", a perseverar, y no te importe que tengas que sufrir y padecer por amor.
La vocación consagrada, también, es martirio de amor, martirio suave y llevadero. El demonio fija su pérfida mirada en los consagrados, porque sabe del gran amor que les tengo, sabe que son mis pararrayos en la tierra; el demonio, a toda costa, querrá tentarlos, sembrará en sus corazones inquietud, buscará diversas maneras para hacerlos caer, para arrancarlos bruscamente de mi Divino Corazón. El demonio los hará vacilar; y las dudas, los conflictos internos, los llevarán a la desesperación y a la angustia; el demonio intentará hacerlos creer que en el mundo se vive mejor, los hará hacer sentir que son demasiado importantes para sus familias; los hará hacer sentir la tentación de buscar un buen trabajo, de culminar estudios, de ganar dinero, de conseguir un buen esposo o una buena esposa; y en un mar de confusiones toman decisiones erróneas y equivocadas. Y una vez abandonada la vida consagrada, el demonio hace estragos en las personas que habían sido predestinadas y elegidas para una sublime vocación.
Cuánto dolor me producen estos hijos míos, me llevan a derramar lágrimas de sangre, me llevan a una extrema agonía. Cuánto dolor me producen porque han despreciado mi amor y han buscado amores y consuelos humanos.
Hijo, no tengas miedo, ni dudas. He sido Yo quien te ha llamado, he pronunciado tu nombre y te concedí la gracia y la fortaleza de dejarlo todo por Mí. Espero que seas valiente y escales la parte más alta de la montaña.
Tu vocación es mi gran regalo, tu vocación es una muestra más de la gran Misericordia y benevolencia que he tenido contigo.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
