204. El Sagrario es el lugar donde las almas podrán descansar en Mí, podrán encontrarlo todo
17 de Agosto de 2014.

[Jesús mío, aquí estoy asechanzas del mal. ; Oh Jesús! Los latidos de tu Corazón Eucarístico me embriagan de amor.
Hoy quiero entregarte todos los temores que, por momentos, me llevan a la desconfianza: perdón, oh Señor, cuando Tú eres el león de Judá, que estás pronto a quitar de mi paso todos los obstáculos que impiden que me encuentre Contigo de Corazón a corazón.
Tú sabes, Señor, que lo único que quiero es vivir de acuerdo a tu Divina Voluntad, vivir en función de Ti únicamente; dispón de mi como quieras; quería encontrarme a solas Contigo en la soledad de tu santo tabernáculo; quería descansar en Ti, beber algunas gotas del agua viva que brota de la fuente de tu Divino Corazón; quería anonadarme de amor Contigo, tu presencia eucarística cautiva mis sentidos.]
Así como Tú me amas, quiero que todos los hombres me amen, pero lo más triste es que los hombres se han apartado de mis leyes; aún no han descubierto mi verdadera presencia en la Sagrada Eucaristía; aún andan de un lado para otro por el prurito de oír novedades cuando la gran novedad soy Yo en el Sagrario; tristemente, permanezco en soledad y abandono en muchos Sagrarios de la tierra. Por eso, ando en búsqueda de almas eucarísticas; almas sedientas de Mí, almas ávidas de silencio y soledad, almas necesitadas de un encuentro personal Conmigo. El Sagrario es puerta de oro que adentra a las almas al Cielo; el sagrario es el lugar donde las almas podrán descansar en Mi, podrán encontrarlo todo.
Comunícale al mundo entero mi lamento divino tengo sed de ser amado y adorado por todos los hombres en el Santísimo Sacramento, pero ante tanto amor que manifiesto a las criaturas, tan solo recibo desprecios e ingratitudes; muchos de mis hijos andan por caminos equivocados; ayúdame tú a encontrarlos.
[Jesús amado, Tú sabes que todo lo quiero hacer por Ti; enséñame a lanzar las redes de tu Amor Divino y traerte muchas almas que te adoren y te glorifiquen en tu santo tabernáculo. Te ofrezco los latidos de mi corazón como balbuceos de amor.
Tú eres dulce obsesión en mi vida; Tú eres mi Dios y mi todo, hazme dócil a tus inspiraciones divinas; dame la docilidad de caminar siempre en dirección hacia Ti y de obrar siempre de acuerdo a tu Divina Voluntad.
Te agradezco por tu presencia en todos los altares de la tierra; te agradezco por tus palabras, necesitaba escucharte, necesitaba experimentar tu amor.
Y en este instante, Jesús viene hacia mi con sus brazos abiertos; y su voz paternal y dulce habla a mi corazón y dice:]
Mis brazos están extendidos para ti y para todas las almas que tienen sed de Mi, sed de adoración en todos los altares del mundo; mis brazos están dispuestos a estrechar a mi pecho Santo, a todos y cada uno de mis hijos consagrados a mi Sagrado Corazón, aun a todos los pecadores; porque mi amor no excluye, no selecciona; a todos los hombres los amo por igual.
En este instante, arrodíllate, adórame y alábame; porque el Rey del más alto linaje, se ha hecho pequeño en la Hostia Consagrada.
[Y un rayo de luz dorado sale del centro de la Hostia, penetra en mi corazón y experimento una paz infinita; amor, amor de Dios, amor de Jesús; y de nuevo, Jesús me habla al oído y dice:]
Agustín, escribe porque este Diario Espiritual llegará a los lugares más apartados y recónditos del mundo. Este Diario Espiritual será raudal de amor y de mi misericordia para muchos hombres.
Me valgo de ti siendo la criatura más miserable de todas para llegar al corazón de muchos de mis hijos; porque el demonio anda, como león rugiente, buscando a quien devorar; el demonio quiere cautivar a las almas y tomarlas como trofeos, quiere arrancarlas de lo profundo de mi Corazón. Por eso me veo en la obligación de amonestar al mundo, para que todos los hombres vuelvan a Mi y reparen por sus maldades, enderecen sus sendas y emprendan el camino estrecho que lleva al Cielo.
[Jesús, te agradezco por este momento de encuentro Contigo; no encuentro palabras para expresarte mi amor y mi agradecimiento. Como san Francisco de Asís quiero repetir una y mil veces: mi Dios y mi todo, mi Dios y mi todo, mi Dios y mi todo.]
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores
