196. Guarda silencio, contémplame en el Sagrario
10 de Agosto de 2014.

[Jesús, te amo; todo lo has hecho por mi; ahora me ha llegado el momento de corresponderte a tus excesivas muestras de Amor y de Misericordia.
Aquí estoy, de rodillas, frente a tu presencia Eucarística rindiéndote el homenaje y la adoración que como al Rey del más alto linaje te mereces.
Aquí estoy de rodillas, reconociendo mi miseria, mi nada; y reconociendo en Ti al Dios verdadero, que se ha quedado hasta la consumación de los siglos, en todos los tabernáculos de la tierra.
¡Oh amado Jesús mío! Cuánto deseo que los latidos de mi corazón sean actos de adoración y de reparación para Ti; cuánto deseo que mi vida sea una ofrenda eterna de amor a la Víctima Divina, a Jesús Cordero Inmolado.
Deseaba encontrarme Contigo y descansar en Ti, anhelaba escuchar tu voz; voz que penetra en lo profundo de mi corazón y lo inflama con tu Amor Divino; voz que me da deleite, gozo, paz.]
Hijo mío, cómo no hablarte; cómo no dar inicio a un coloquio de amor en este día, si tú mismo tomaste la iniciativa; sabías que me encontraba solitario en el Santo tabernáculo, y estaba a la espera de que alguien viniera a Mí y menguara mi soledad, mi sufrimiento.
Tú mismo tomaste la iniciativa de hablarme, de manifestar por escrito tus sentimientos. Esta oración la tomo con agrado, es un regalo proveniente de tu corazón.
Hoy, ámame con mayor ímpetu y locura. Hoy, exterioriza los sentimientos y emociones que hay dentro de ti. Es bueno que los hombres comprendan y entiendan que estoy vivo, que habito en todos los Sagrarios del mundo entero.
Bienaventurado Sagrario que alberga al Hijo de Dios, al Rey de reyes y Señor de señores.
[¡Oh Jesús, cuánto te amo! Pero, siento que mi amor por Ti aún es imperfecto.
¡Cuánto te amo! Pero aún el miedo, la cobardía me amilanan.
¡Cuánto te amo! Si quieres, toma mi vida en este instante y llévame Contigo, para alabarte y glorificarte por eternidad de eternidades.
¡Cuánto te amo! Quisiera permanecer unido a Ti, postrado en el Sagrario y que las manecillas del reloj se detuviesen.]
Haces bien en manifestarle al mundo entero tus sentimientos, el gran amor que me tienes, porque lamentablemente, no todos los hombres me aman ni me adoran; no todos los hombres creen en mi verdadera presencia en la Hostia Consagrada; no todos los hombres se han dejado seducir por mi voz, por mi Evangelio; no todos los hombres se acogen a mi Misericordia Divina.
Hay tantas almas por el mundo ausentes de Mí; sus corazones expelen olores putrefactos, nauseabundos. Tantas almas abstraídas por el espíritu del mal y se dejan arrebatar el raudal de bendición y de gracia que suelo derramar sobre los corazones puros, sedientos de mi Amor y de mi Misericordia.
Y tú, abandónate enteramente en Mí; continúa el camino que tengo trazado en tu vida: el camino de la reparación y de la inmolación. Crucifícate Conmigo en el madero santo de la cruz y dame descanso, consuela mi Corazón; seca las lágrimas que corren por mis mejillas; recoge, en un lienzo blanco y puro, mi sangre preciosa.
Has de saber que, si fuese necesario, descendería de nuevo a la tierra para sufrir los acerbísimos dolores de mi sagrada pasión.
Ando en búsqueda de pecadores que se reconozcan necesitados de mi misericordia, de mi perdón; pecadores a los que amo en extremo.
Ando en búsqueda de almas reparadoras; almas que carguen con la cruz de cada día, almas que encuentren en el sufrimiento: gozo, alegría de asemejarse a Mí, de parecerse un poco al Mártir del Calvario.
[Adorable Jesús mío, aquí estoy dispuesto a obrar de acuerdo a tu Divina Voluntad, a consolar tu Corazón, a remediar un poco todo el daño que te he causado; he sido el peor de tus verdugos; latigazo sobre latigazo descargué en tu Cuerpo Santísimo, dardos de desamor traspasaron tu Divino Corazón.
Aquí estoy para que descargues sobre mi tu justa cólera.
¡Oh amado Jesús mío! ¿Qué he de hacer para que todas mis acciones, mis pensamientos sean del total beneplácito de tu amantísimo Corazón?.
¿Qué he de hacer para que todos los hombres te conozcan y te amen?]
Hijo, tu mera intensión es un acto de amor que alivia mi sufrimiento; tus palabras son bálsamo sanador a mis heridas. Deja una huella de amor en cada corazón, háblales de la reparación y conduce a las almas al santo tabernáculo. Manifiéstales del océano infinito de Amor y de Misericordia que contiene mi Sagrado Corazón.
Diles que soy el buen Pastor que camina tras la oveja perdida; que soy el Padre de la Misericordia que todo lo perdona, todo lo excusa, todo lo justifica.
Desgástate en mi obra; ve y ayúdame en la salvación de las almas; continúa con tu trabajo, pon por escrito nuestros coloquios de amor.
Coloquios que servirán de alivio y remedio al sufrimiento de muchos de mis hijos.
Guarda silencio, contémplame en el Sagrario.
Guarda silencio, y sin pronunciar palabras dime que me amas.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores
