22. Te llamo al perdón

Apóstol de mi Inmaculado Corazón, jamás desprecies al pecador ni lo critiques, ora por él y únete a mi sufrimiento. Quiero que todos mis hijos se salven y no sean lanzados al fuego eterno del infierno.
Te llamo al perdón. No puedes guardar en tu corazón ningún resentimiento, las heridas en el alma se curan por medio de la oración; si te abres al perdón sentirás paz, gozo, te sentirás libre. El perdón es una terapia de amor que oxigena todo tu ser y te hace más nítido y transparente a los ojos de Dios. El perdón te abre caminos donde siempre encontrarás una luz divina; el perdón destruye al demonio y te acerca a Jesús. El perdonó al buen ladrón y lo condujo al paraíso. Él perdonó a María Magdalena y, de pecadora, la hizo gran santa. Él perdonó a Pablo y de perseguidor pasó a ser perseguido. Él te ha perdonado a ti, ha borrado del libro de tu vida tus pecados; Él lo espera todo de ti.
Ha llegado la hora de tu salvación, ha llegado el momento de recibir el premio prometido.
Alma reparadora, regocíjate en mi presencia y entrégame a todos los que te hayan ofendido en el transcurso de tu vida. Es la oportunidad de vivir y experimentar lo que es el verdadero perdón.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
