26. Te llamo al rezo diario del Rosario

Hijo mío, quiero que te deleites en mi compañía y sientas cómo te abrazo. Miro la hermosura de tu corazón, ya que no te puedes resistir a mi llamada de amor, y vienes a Mí con el deseo de triunfar sobre el mal, con la firme convicción de no dejarte engañar ni seducir por el demonio; aspiras perfección en tu vida cristiana, añoras unirte al coro de los santos ángeles para alabar y glorificar a Dios.
Te llamo al rezo diario del Rosario. Oración que te hace fuerte, aguerrido, para no dejarte derrotar por Satanás; oración que te lleva a gozar de las dulzuras de mi Inmaculado Corazón; oración poderosa e irresistible ante los ojos de mi Hijo; oración extraordinaria con la que puedes ganar batallas, dar fin a tus pecados, ruptura total con las cosas del mundo.
El Rosario es tan poderoso que los demonios huyen de todos los que son devotos y propagadores de esta oración.
Si rezas diariamente el Rosario, me haré sentir muy cerca de ti, las puertas del trono de Dios se abrirán para ti, las fuerzas del infierno serán destruidas.
Si rezas diariamente el Rosario, un ramillete de virtudes florecerá en ti, se extinguirán en ti muchos defectos y te irás haciendo perfecto.
Si rezas diariamente el Rosario, el Cielo será tu eterna morada, podrás disfrutar por toda la eternidad de la presencia de Dios.
Si rezas diariamente el Rosario, una avalancha de bendiciones caerá sobre ti, morirá el hombre viejo, sentirás repulsión por el pecado; por mi intercesión muchos pecadores se convertirán y volverán a Jesús con un corazón contrito y humillado.
Si rezas diariamente el Rosario, te tomaré de mis manos el día en que exhales tu último suspiro en la tierra y rogaré a Jesús para que te perdone y te cuente en el número de sus elegidos.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
