109. He muerto en una cruz para derrotar a Satanás
19 de abril de 2014. Sábado Santo

[Es Sábado Santo y siento en mi corazón un dolor desgarrador, una agonía profunda en mi alma.
Hoy no he podido contener mis lágrimas, he llorado; siento como un peso sobre mi hombro; me uno al dolor y al sufrimiento de la Santísima Madre. Quisiera estar solo, sumergido solamente en el Corazón de Jesús.
Mi espíritu y mi alma quisieran volar rumbo a la eternidad, rumbo al Cielo; sé que mi misión en la tierra aún no ha terminado, sé que me falta sufrir más, padecer más, y llevar muchas almas a amar al Sagrado Corazón de Jesús, a reparar las ofensas y ultrajes que recibe de parte de muchos hombres.]
Agustín, acompaña a mi Madre en su dolor, porque muchas almas yacen en las tumbas del vicio, del pecado. Muchas almas están muertas en vida, su putrefacción despierta un olor nauseabundo.
En este día, Sábado Santo, medita en el gran misterio de la muerte; muerte que es un eterno vivir, pero, si se vive mi Palabra, mi Evangelio.
He muerto en una cruz, he dado mi vida para darle vida al género humano y redimirle del pecado.
He muerto en una cruz para vencer, derrotar a Satanás, para declarar triunfo sobre las potestades del infierno. Acompáñame en la soledad de mi sepulcro; sepulcro nuevo y prestado. Porque ni aun en vida tuve dónde recostar mi cabeza.
Póstrate, adórame, alábame y ríndeme toda la gloria porque mi sufrimiento, mi gran dolor, no ha sido en vano; he derrotado a Satanás, lo he vencido, lo he lanzado a las profundidades del infierno.
Hoy, Sábado Santo, entierra tu pasado, tus pecados, muere al hombre viejo y resucita Conmigo a una nueva vida. Nicodemo pidió permiso para amortajar mi Sagrado Cuerpo, y según la costumbre judía, aplicó sobre Mí aromas y especias aromáticas; ungüento que limpiaría mis llagas, me perfumaría.
Y tú, hijo mío, aplica sobre mi Corazón herido, traspasado por lanzas de desamor, el ungüento de tu conversión, de tu arrepentimiento. Siente dolor por haberme ofendido, por haber despreciado mi amor al cambiarme por un sucio placer.
Hoy, Sábado Santo, deja que me hospede en tu corazón, sufre y padece por amor. Ora y repara, porque muchos muertos vivientes andan por el mundo sin conocerme o, peor aún, conociéndome se han dejado seducir, engañar; se han desviado del camino de la verdad.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
