Contémplame y alábame; mi Divino Corazón vive en la Sagrada Hostia

165. Contémplame y alábame; mi Divino Corazón vive en la Sagrada Hostia

3 de julio de 2014. 

Hijo, contémplame y alábame; mi Divino Corazón vive en la Sagrada Hostia, soy el gran milagro de amor que hoy se te manifiesta en plenitud. Los mismos ángeles del Cielo quedan atónitos frente a mi grandeza y omnipotencia.

Y tú, como alma reparadora, estás llamada a ser alma eucarística, a menguar mi soledad, a aliviar mi sufrimiento; porque no todos los hombres me aman, no todos me aceptan como al Amo y Señor de sus vidas.

En este día consuélame, porque los pecados de la humanidad me han llevado a una nueva crucifixión.

[¿Y cómo, Señor? ¿De qué manera puedo aliviar tu sufrimiento?]

Haciendo algunos sacrificios de amor; sacrificios que te lleven a reconocer mi soberanía en el Santísimo Sacramento. Mira que el Corazón del Divino Reparador está traspasado por lanzas de ingratitud y de desamor.

[¡Oh Señor! Aquí estoy, queriéndote ofrecer algunos sacrificios de amor porque no quiero verte sufrir. Eres Dios descendido del Cielo, eres Dios que te has quedado en la Hostia Consagrada.

 Cómo es posible que la humanidad entera no te reconozca en este misterio de amor; cómo es posible que Tú, muriendo en una cruz para redimir al género humano de todo pecado, experimentes soledad, sufrimiento en el tabernáculo de tu amor divino.]

Así son los hombres, son ingratos, se olvidan fácilmente de Mí. Muchos acuden a Mí cuando tienen problemas, cuando creen que las dificultades son imposibles de solucionar; vienen, y de rodillas me suplican misericordia; me piden que su oración sea escuchada y que les supla sus necesidades. Y como mi Sagrado Corazón sobreabunda en Misericordia, no los dejo ir con sus manos vacías, algo grande obro en sus vidas; y una vez obtenido el favor: no vuelven, me dejan solitario, abandonado.

Por eso, te pido que repares con tu presencia, con una oración ferviente que brote desde lo profundo de tu corazón: el abandono de los Sagrarios.

[Aquí estoy Señor, deseando menguar tu soledad; anhelando consumirme de amor como el cirio arde a los pies del Santísimo; aquí estoy Señor, uniéndome a la adoración y alabanza de los santos ángeles; aquí estoy Señor, dispuesto a darlo todo por Ti.]

A Santa Margarita María le manifesté, lo mismo que hoy te manifiesto a ti, que ante tanto amor que doy a las criaturas tan solo recibo desprecios e ingratitudes; por lo tanto, espero recibir de ti solo amor y agradecimiento, porque tu vida es una clara manifestación del gran amor que te tengo.

[Así es, Señor; no soy merecedor de tanto amor y derroche de misericordia para conmigo; no soy merecedor de que hayas hablado en lo profundo de mi corazón y me hayas atraído como imán hacia Ti.]

He sido Yo, desde la soledad del Sagrario quien traspasó, con los rayos de mi Amor Divino, tu corazón, por eso suspendiste tus habituales ocupaciones y llegaste a Mí, porque sabías de nuestro coloquio, de nuestro encuentro de amor.

Hoy quiero que medites en las palabras de mi Evangelio: Tomás, uno de mis apóstoles, no creyó en Mí hasta no meter sus dedos en mis llagas.

Bienaventurados aquellos que han creído en Mí sin haberme visto, bienaventurados aquellos que no necesitan de manifestaciones extraordinarias para aumentar su fe, bienaventurados aquellos que están convencidos que mi Corazón late y palpita de amor en la Sagrada Hostia.

Hoy, hay muchos Tomases en el mundo, que no creen en mi resurrección, que se atreven a rebatir misterios insondables, inescrutables; misterios que son difíciles de entender y comprender bajo un raciocinio humano. Hoy hay muchos Tomases en el mundo, que se atreven a cuestionar mi verdadera presencia en todos los altares de la tierra, cuando soy el reo y pordiosero del amor que tiene sed de almas.

[¡Oh Jesús!, reparo por la incredulidad de los hombres, por la frialdad en la fe; reparo, porque muchos de tus hijos dicen no creer en Ti; consideran que la Eucaristía es un simple recuerdo de un Jueves Santo, cuando Tú vives y resides en todos los Sagrarios.]

Por eso busco almas eucarísticas; almas que sientan la necesidad de encontrarse a solas Conmigo en el Sagrario; busco almas eucarísticas, almas que sientan arder de amor por Mi en el Santísimo Sacramento; busco almas eucarísticas, almas que se asemejen a san Juan, mi discípulo amado, y a mi Madre; y permanezcan, si fuese posible, de rodillas. Porque el Rey de reyes, el Soberano de todo cuanto existe, se ha hecho pequeño, se ha quedado en todos los Sagrarios. 

[Pues aquí estoy, amantísimo Jesús mío; porque mi corazón arde y se consume de amor por li; mi corazón ansia permanecer a tu lado por toda una eternidad.

Por unos instantes, mi mirada se posó en el Señor, en este misterio de amor que solo es aceptado y comprendido por los humildes. Le admiraba y alababa en la Hostia Consagrada, y su dulce voz sale desde el Sagrario, y sus palabras caen en mi corazón, y le escucho cuando dice:]

Agustín, como alma víctima de mi Sagrado Corazón, crucifícate Conmigo en este día, ayúdame en la salvación de las almas y despierta en el corazón de tus hermanos deseos de conversión, deseos de reparar las injurias y ultrajes a mi Corazón.

Hoy suple la ingratitud de los hombres. El dueño del tiempo te pide unos cuantos minutos para que me adores, para que me rindas toda la pleitesía que como Dios me merezco.

Póstrate y reconócete miseria y nada; póstrate, vuelve a la tierra, porque en tu nada me glorificaré; póstrate, porque los santos ángeles adoptan posturas de respeto sublime, de recogimiento profundo, para entonar los más bellos himnos de adoración, los cantos más hermosos de alabanza. 

Póstrate en mi presencia Eucarística, y considérate miseria y nada. Póstrate en mi presencia Eucarística, y anonádate; que tus sentidos estén sobrecogidos por mis palabras.

[Y mientras permanecía postrado en la presencia del Señor, en la sublime presencia Eucarística, escuché un canto armonioso y perfecto de los ángeles que decía:]

"Alabado y adorado sea el Divino Corazón de Jesús, viviente en la Eucaristía; alabado y adorado sea el Divino Corazón de Jesús, viviente en la Eucaristía; alabado y adorado sea el Divino Corazón de Jesús, viviente en la Eucaristía"

[Y de nuevo su voz dulce y paternal dice:]

Los hombres deben asumir una actitud sumamente reverente ante el Santísimo Sacramento; por eso, trata de permanecer de rodillas para que mi Corazón Eucarístico se ensanche de amor por ti, es la criatura que le rinde homenajes al Dios Uno y Trino.

En este primer jueves de mes, únete a los santos ángeles; ellos son los primeros reparadores de mi Sagrado Corazón; ellos son, también, adoradores de mi augusto Sacramento. 

Ahora, dime que me amas; hazme una oración profunda y sentida, oración cargada de amor, porque te he concedido la gracia de que me escuches, te he concedido la gracia de un diálogo, de un coloquio de amor.

[Adorable Jesús mío, Aquí estoy adorando al Rey de reyes, al Señor de señores. Adorable Jesús mío, aquí estoy queriéndote rendir toda la adoración y alabanza que como Dios te mereces.

Te entrego mi corazón porque mi vida solo a Ti te pertenece. Te entrego mi voluntad para que seas Tú operando y actuando en mi vida como quieras.

Te entrego mis maldades e iniquidades porque ya no quiero herir más tu Sagrado Corazón; concédeme la gracia de reparar en vida todo el daño que te he hecho; y si quieres, descarga sobre mi la justa cólera merecida por mis pecados.

Tú sabes que te amo; Tú sabes que eres la única razón de mi existir; Tú sabes, oh Señor, que mis pensamientos y todo mi ser te pertenecen.

Gracias te doy, porque tu Divino Corazón late y palpita de amor en La Sagrada Hostia. Eres el gran milagro de amor, eres mi dulce obsesión.

Tú sabes que mi vida sin Ti sería una vida sombría, lúgubre; mi vida sin Ti no tendría sentido. Gracias, oh amado Jesús mío, por este coloquio de amor; porque tus palabras son remedio para mis males, tus palabras avivan en mi el deseo de abrazar la cruz y de inmolarme junto Contigo.

¡Oh Jesús, mi tierno amor!, gracias, porque en Ti lo he encontrado todo, absolutamente todo.]

FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.  

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