220. Haz una oración a favor de los pecadores, necesitan volver a Mí
14 de Septiembre de 2014.

Hijo mío, en esta hora, haz una oración a favor de los pecadores; ellos necesitan volver a Mí; el demonio los ha engañado, los ha desviado del camino que los conduce al Cielo. Y tú que has venido a mi santo tabernáculo: repara, porque los pecados de los hombres han sumido mi Corazón en profunda agonía; quiero valerme de tu pequeñez y de tu miseria, tu oración la tomaré como una ofrenda de amor.
Cuéntame tus angustias y preocupaciones; entrégame, en este mismo instante, la causa de tu tristeza.
[Señor, deposito en tu Divino Corazón: mis miedos, mis enfermedades.
He descubierto que el sufrimiento, la cruz me causan temor cuando Tú me has enseñado que la cruz es galardón de oro que me adentra al Cielo; el sufrimiento trae un tesoro escondido de gracia y de bendición.
Hoy, te pido que tomes mi vida como holocausto de amor, pero dame fuerzas para caminar junto a Ti por la calle de la amargura; quiero aceptar las pruebas como una manifestación más de tu Amor y de tu Misericordia.
Hoy necesitaba sentirte, escucharte, por eso he venido a tu dulce mansión de amor, a encontrarme a solas Contigo en la soledad de tu Sagrario.]
Y aquí me tienes, y siempre te estaré esperando para consolarte en tu aflicción, para fortalecerte en tu debilidad, para animarte a que prosigas el camino que debes andar, camino que ya tengo trazado y delineado en tu vida. No tengas miedo; recuerda que tus preocupaciones me atan de nuevo a la columna y me impides que actúe en ti como quiera; deja, más bien, que mi Gracia Divina descienda sobre ti de distintas formas; deja que sea Yo quien te restaure y haga de ti criatura nueva.
[Haz conmigo lo que Tú quieras, Señor; pero, dame el coraje para resistir a las asechanzas del mal, para no ceder a la tentación; dame la sabiduría, para saber corresponderte a cada una de tus manifestaciones de Amor y de Misericordia.
Temo herirte, temo contristar tu Sagrado Corazón; perdóname, porque me falta mayor abandono en Ti.]
Te entiendo, hijo mío; conozco tu debilidad, eres hecho de carne y hueso; por lo tanto, tu vida ha de ser un aprendizaje continuo; mira que te he matriculado en la escuela de mi Sagrado Corazón y quiero hacer de ti mi fiel discípulo; discípulo conocedor de la sabiduría divina que te hará santo, te hará semejante a Mí. No te inquietes; cuando te sientas triste, ven a Mí que te alegraré, te haré sonreír; cuando te sientas enfermo, ven a Mí que seré medicina a tus males espirituales, morales y físicos; cuando sientas que la turbación ha entrado en ti, ven a Mí y mi paz abundará en tu corazón.
[Oh Jesús, tus palabras son suave refrigerio para mi corazón, tus palabras me embriagan de amor; cuánto deseaba encontrarme Contigo de nuevo y escuchar tu dulce voz, voz paternal que despierta en mí anhelos de alcanzar el Cielo.
Gracias, oh bondadoso Jesús, porque Tú siempre caminas a mi lado; eres mi auxilio en mis necesidades; gracias, oh amable Corazón de Jesús, por tu derroche de amor en este día.]
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores
