102. En este día prométeme que hará todo el esfuerzo necesario para permanecer en estado de gracia
17 de abril de 2014. Jueves Santo

[Veo a Jesús vestido de rojo púrpura, en sus mangas hay destellos como si fuesen de oro, su cabello suelto, su barba como si estuviese bien peinada, sus cejas tupidas, nariz perfecta, su mirada penetra mi corazón; está detrás de una mesa vestida con mantel blanco como si fuese un altar, abre sus manos y puedo ver nítidamente sus sagradas llagas; escucho su voz que me habla al corazón y me dice:]
Hijo, para sentarte Conmigo en mi mesa, tu espíritu debe estar tan radiante como una estrella embellece el firmamento en una noche oscura; tu alma debe estar tan blanca como un copo de nieve, tu corazón debe estar tan transparente como el agua de un manantial. Por eso, en este día prométeme que harás todo el esfuerzo necesario para permanecer en estado de gracia.
En este día prométeme que estarás dispuesto a servirme las veinticuatro horas del día.
[¡Oh Señor! Prometo ser tu esclavo de amor; se Tú el Amo de mi vida, el dueño de cuanto soy y haz conmigo lo que Tú quieras.]
Conozco tus debilidades, las miserias que hay en tu corazón, tomaré muy en serio tus palabras; en este instante las escribo en el libro de tu vida con la tinta indeleble de mi sangre preciosa. Quiero que seas alma reparadora.
[Al estar contemplando y admirando la Hostia Consagrada, de momento, veo a Jesús parado sobre el altar; su Sagrado Corazón envuelto en una llama de amor, sonríe y me dice:]
Hijo, mi Corazón palpita de amor por ti en la Sagrada Hostia, arde de amor por todas las almas eucarísticas y almas reparadoras y almas víctimas.
Mi Corazón es asilo para todos los hombres.
[Jesús amado, toma mis miserias, son tantas Señor; toma mis pecados y hazlos cenizas en la llama de amor que consume tu Divino Corazón; toma mi vida y únela en un idilio de amor divino Contigo.]
Invita a todos mis hijos a que me amen, a que se sumerjan en el océano infinito de Misericordia de mi Divino Corazón, invita a todos mis hijos para que reparen por sus pecados y por los pecados del mundo entero.
[De momento veo la Hostia como si palpitase.]
Son latidos de mi Sagrado Corazón, latidos de amor por ti y por todas las almas reparadoras. Estoy vivo, la custodia, el Sagrario es mi dulce prisión.
Agustín, en este día quiero que me entregues tu voluntad para Yo actuar en ti como Amo y Señor de tu vida.
En este día prepara tu corazón para el gran sufrimiento y dolor de la noche de mi Getsemaní. Déjame hacerte partícipe de un poco de mi sufimiento; caminemos juntos por la calle de la amargura y mientras caminamos paso a paso, adora y recoge en un lienzo blanco mi sangre preciosa. En este Jueves Santo prepárate para beber una pequeña porción del cáliz de mi amargura, contémplame y admírame en el Santísimo Sacramento, y hazte hostia viva de amor.
[Jesús, encanto de mi alma, déjame conservar en secreto este coloquio de amor Contigo.]
No me darías la suficiente gloria que espero recibir de ti. De nuevo quiero recordarte que estas experiencias místicas de amor avivarán la fe de muchos de mis hijos, llevarán a un gran número de almas a la conversión de corazón, conversión perfecta y transformante.
Entiende, hijo mío, que este Diario Espiritual lo he escrito para todos los devotos de mi Sagrado Corazón; estas palabras de momento son exclusivas para ti, pero, una vez este diario llegue a las manos y al corazón de todos mis hijos, les hablaré, los arroparé bajo el manto de mi ternura infinita y les balbucearé palabras de amor.
Agustín, después de tu muerte, este Diario Espiritual, estas lecciones de amor, brotadas desde lo profundo de mi Corazón, serán como frutos que florecerán en muchos corazones áridos, florecerán en tierra reseca. Pero, no me digas nada, tan solo escribe con todo lujo de detalles las experiencias de amor que te permito vivir.
[Perdón Señor, aun con temores haré todo la que me pidas, así me llamen loco.]
Eres loco de mi Amor Divino, eres un loco soñador que sin Mí no podrías vivir; eres un loco soñador que tan sólo me prestas tus manos, tu voz y tu corazón para transmitirle al mundo entero mis poemas, poemas que enamorarán a muchas almas. Aun los arrogantes se harán pequeños, humildes; aun los incrédulos aceptarán que son palabras descendidas, como lluvia suave, desde el Cielo a la tierra.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
