189. Abre tus ojos y mírame
1 de Agosto de 2014. Santuario María de la Consagración, Diócesis de Lurín, Perú

Abre tus ojos y mírame, porque algunos rayos de mi Luz Divina penetrarán por tus pupilas y llegarán a tu corazón; corazón que arderá en amor, en deseos de pertenecerme solo a Mí; corazón que palpitará, porque mi paz sobreabundará en ti.
Mírame, algunos rayos de mi Luz Divina transverberarán tu corazón, y dejaré una huella de amor; huella de amor que te lleve a perder el atractivo por las cosas del mundo, a sentir horror por el pecado; huella de amor que te impulse a caminar ligero de equipaje; porque eres tan solo peregrino en la tierra, ya que tu patria se encuentra en el Reino de los cielos.
En esta noche, deposita en mi Corazón tu cansancio, tu fatiga. Y si traes algunos problemas, algunas dificultades: entrégamelas todas, solo confía en mi poder y en mi Misericordia. Soy el Todopoderoso que puede obrar en ti grandes prodigios, hazañas de amor: Soy el Todopoderoso que puede, en un instante, enderezar caminos torcidos, transformar el día en noche. Soy el todopoderoso que obra milagros en las almas según sea la fe.
En esta noche, repara; primero con una actitud dispuesta a rendirme toda la gloria y la honra que los hombres no me dan, con espíritu de recogimiento, porque cómo vas a pretender tener un encuentro Conmigo, de Corazón a corazón, si tus pensamientos divagan de un lado para otro, si tu corazón se halla inquieto o en zozobra; cómo pretender reparar las injurias que recibo de muchas criaturas, si tu corazón se encuentra dividido, fragmentado, o si estás de cuerpo presente y tu alma se encuentra en otro lugar.
Por eso, déjate arropar por el manto de mi Misericordia infinita, déjate abrasar por la llama de mi Amor Divino. Tengo algunos lamentos divinos, algunas dulces quejas para contarte. Morirías de dolor si te mostrara el estado tan lamentable en que me tienen los hombres; morirías de dolor si te mostrase mis sagradas llagas, mi cuerpo adorable ha sido cruelmente flagelado. No soportarías sostener tu mirada en Mí, verías mis ojos lúgubres, mi divino rostro ensangrentado e hinchado por las golpizas que descargan los pecadores sobre Mí; quedarías pasmado, quizás te asustarías demasiado. Por eso, obsérvame tan solo con los ojos de tu corazón; pálpame con el tacto de tu alma, y entremos en diálogo, en un coloquio espiritual; coloquio de amor, para que nuestra conversación sea amena y, de esta forma, permanezcas despierto.
Hijo mío, los hombres me han crucificado de nuevo; son muchas las lanzas que perforan, de lado a lado, mi Corazón; y una ellas es la rebeldía a los mandamientos de ley de Dios.
El mundo moderno ha creado sus propios códigos, sus propias leyes; leyes que no compaginan con mis enseñanzas, tan solo para disfrazar el pecado; justificaciones que de nada servirán el día que estén, cara a cara Conmigo, en el tribunal de mi Divina Justicia. Tarde o temprano tendrán que comparecer ante Mí, y pagar por sus extravíos, desenfrenos; tarde o temprano serán juzgados con una medida de Misericordia, pero también de Justicia.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores
