184. Algunos consejos para salvaguardar tu vocación frente a los ataques del enemigo
29 de julio de 2014. Monasterio de monjas cistercienses de Lurín, Perú

Deseabas encontrarte Conmigo nuevamente; porque mis Palabras son alivio a tus males, mis Palabras inflaman tu corazón de amor por Mi, te llevan al deleite y gozo del alma.
En este instante quiero que pongas toda tu atención y tu mirada solo en Mí; quiero formarte, prepararte y adiestrarte para la guerra, es decir, para el combate espiritual. Porque el enemigo te ronda, como león rugiente, queriéndote devorar para lanzarte al escampado. Por eso, déjame ser tu Divino Maestro, déjame ser guía en tu vida.
Toma, pues, atenta nota de mi lección de amor, lección que acelerará los latidos de tu corazón; porque mi amor penetrará por tus poros en todo tu ser, mi amor se anidará dulce y tiernamente en tu corazón.
Hijo, un alma reparadora se convierte en un pararrayos en la tierra, porque en ella descanso, me glorifico; su vida es un acto sucesivo de sacrifico, de ruptura con el pecado y con las cosas del mundo.
Porque cuando se ama, se entrega lo mejor de sí mismo; cuando se ama, el alma se entrega sin reserva.
Un alma reparadora vibra de emoción cada vez que le hago participe de alguna crucifixión de amor; porque tiene bien claro que el sufrimiento es llave de oro que abre las puertas de mi Divino Corazón. Por lo tanto, aprende a sobrellevar la prueba, las distintas cruces con amor.
Un alma reparadora ha de dejar huellas de amor, el alimento y la fuerza espiritual la encuentran en el Sagrario, en la participación del Santo Sacrificio de la Misa y en la comunión diaria.
Un alma reparadora es, ciento por ciento, alma Eucarística; ya que se hace centinela de mi augusto Sacramento.
En este desierto de amor, en mi Sagrado Corazón, proponte afianzar tu vocación; debes ser un gran héroe, y vencer al enemigo por medio de la oración y del Sacrificio; debes ser guerrero de mi Sagrado Corazón, y no temer a la derrota, porque la victoria la tienes asegurada. Tu vocación es una gracia divina que suelo conceder a pocos, tu vocación ha de revestirte de donaire; hasta tus propios movimientos, posturas, palabras, han de ser de alma recogida; alma que degusta de mi presencia, de mi soledad en el Santísimo Sacramento. En este desierto de amor, en mi Sagrado Corazón, evalúa tu vocación; porque este regalo descendido del Cielo puede ser robado. El impostor puede llegar a ti disfrazado de ángel de luz, y lanzarte a la ruina.
Tu vocación exige riesgos, audacia; nada ni nadie se deben interponer entre tú y Yo. Ten en cuenta que soy Dios celoso que cuida de lo suyo; ten en cuenta que por haber dejado a padres, hermanos, trabajo, por haber renunciado a los bienes materiales, a tus propias aspiraciones: te pagaré el ciento por uno, entregaré en tus manos el cetro de oro de vencedores.
Tu vocación siempre debe apuntar a la excelencia, es decir, a la santidad, al grado más alto de la virtud.
Ten cuidado de no caminar en retroceso, de no entrar en la rutina; cada día ha de ser un día distinto y grandioso en tu vida; cada día te acerca más a la eternidad, te acerca más al encuentro personal de Corazón a corazón Conmigo.
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores
