176. La fuerza la encontrarás solo en Mí
18 de julio de 2014.

[Jesús, me encuentro sin fuerzas, mi cuerpo cada vez lo siento más débil; por momentos siento desfallecer. Ayúdame, para continuar con la misión que Tú me has encomendado; sé que Tú eres mi estandarte, el báculo en el cual me apoyo.
Hay momentos en que la agitación me zarandea de un lado a otro, hay momentos en que pienso que no seré capaz de responderte. Sé que Tú no envías una cruz que supere nuestras fuerzas. Hoy te suplico tu Amor, tu Misericordia.
Hoy deseo que me estreches entre tus brazos, para que los latidos de tu Sagrado Corazón me impulsen a amarte aun más de lo que te amo.
¡Oh Jesús! Tengo sed de Ti, mis huesos se descoyuntan, mi pecho se contorsiona por el dolor.
Como médico divino, ven en mi auxilio; solo Tú puedes darme la paz que necesito.
Quisiera ocultar mis sentimientos, quisiera que sólo Tú conocieras los secretos de mi alma.
Pero, has sido Tú quien me has pedido escribir mis experiencias y encuentros de amor Contigo, por eso aquí estoy cumpliendo con tu Divina Voluntad, aquí estoy buscando desahogo a mi corazón y quietud a mi espíritu.]
Hijo mío, no te inquietes por nada ni por nadie; soy Yo el que tiene trazado un plan de amor en tu vida; no tengas miedo al sufrimiento, eres víctima de mi Sagrado Corazón; por lo tanto, algunos días sentirás que el peso de tu cruz supera tus fuerzas; otros días experimentarás mi agonía, mi dolor. Pero has de saber que estoy contigo, te llevo muy en lo profundo de mi Corazón.
Que tu debilidad, tu cansancio, no sean motivos para dejar inconclusa la loable misión que te he conferido, recuerda que la fuerza la encontrarás solo en Mí.
Agustín, haces bien en desahogarte Conmigo, porque soy Yo el alfa y la omega, el principio y el fin; soy Yo el que tiene contados los días de tu vida. Por eso, déjame que te crucifique en el madero de la cruz.
Muchos andan como ovejas extraviadas de mi redil, andan como ovejas sin pastor.
Te necesito como cirio encendido a los pies de mi Corazón Eucarístico, derrítete de amor por Mí, levanta tu ánimo decaído, y corramos juntos tras las ovejas perdidas.
[Tus palabras Señor, son voz de aliento. Perdóname por ser tan débil; aún siento que no he comprendido la magnitud de mi misión. Pero hoy te pido que me escondas en la herida abierta de tu costado, para no ser visto por los curiosos, por los intrigantes que intentan derrotarme, destruirme.
¡Oh Jesús! Tú eres la única razón por la cual vivo y respiro. Gracias te doy ¡oh Amor de los amores!, porque me escuchaste y tus palabras me han seducido de nuevo Señor.
Aquí estoy dispuesto a rendirte toda la gloria y la honra que como Dios te mereces, a darte mi vida si fuese necesario, a abrazar la cruz y sufrir por amor a Ti y por amor a todos mis hermanos.]
FUENTE: DIARIO ESPIRITUAL AÑO 2014 de la Comunidad de Siervos Reparadores.
