68. Ruega por los vivos y por los difuntos

Alma reparadora, no dejes de pedir por los necesitados; de la misma manera como tú has sido bendecido por Dios, ellos serán revestidos de la gracia de Cristo. Hoy quiero felicitarte porque supiste llegar puntualmente a la Hora de María. El anhelo que tienes en tu corazón de querer encontrarte Conmigo me lleva a abrazarte y a esconderte en mi Inmaculado Corazón y a protegerte de manera especial, porque eres mi hijo y desvelo de amor.
Eres muy importante para Jesús, por eso me ha enviado a ti a allanar tus caminos como San Juan Bautista.
Te llamo a la reparación, porque reparar es volver al Amor, es identificarse plenamente con Jesús y absorber abundantemente sus gracias. Reparar es dejarse transformar por Dios en tu pensamiento y en tu corazón. Reparar es responder con gratitud a todos los gestos de amor del Corazón Sacratísimo de mi Divino Hijo.
Pídeme que te conceda todas las gracias que necesites para que seas fuerte ante la tentación y seas hábil en descubrir la presencia del enemigo; el demonio no actúa de frente, se disfraza de ángel de luz y trabaja de manera astuta y solapada; busca pervertir tu mente, inyectarte de su veneno letal y Yo, como Madre, puedes estar seguro que no permitiré que te haga daño.
Ruega por los vivos y por los difuntos y cree que tu oración subirá como incienso perfumado ante la presencia de Dios.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
