58. Como mi esclavo de amor, mantente supeditado a la voluntad de Dios

Quiero decirte que eres hijo predilecto de mi
Inmaculado Corazón, llamado a pregonar las maravillas que Jesús ha hecho en tu vida. Él en su infinito amor purificó tu corazón con su sangre preciosa, te hizo ver la bajeza de tus actos, te sensibilizó a su amor y suscitó en ti el deseo de seguirlo. Él está haciendo contigo la obra más esplendida de la creación, ha tomado el barro de tu vida y te ha restaurado. Él ha iluminado con su luz divina tu conciencia y te ha mostrado la magnitud de tus pecados. Él te ha tratado con demasiada misericordia, porque te ha dado muchas oportunidades de salvación y aún hay cosas en ti que no son de su agrado; aún tienes rezagos de mundo, te ha faltado amor decisión para seguirlo libre y voluntariamente; aún no has abierto totalmente tu corazón a su voz y por momentos eres sordo a su llamada.
Mantente supeditado a la voluntad de Dios dispuesto a renunciar a tus ideales y a dejarte formar en la escuela de mi amor.
Eres soldado de Cristo convencido de su infinito poder, atraído por la humildad y mansedumbre de su Sagrado Corazón. Eres criatura formada a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto en ti no pueden existir manchas o arrugas que te hagan imperfecto en tu vida.
Eres hijo de María llamado a vivir mis consejos y a proclamar la Buena Nueva, porque desde este día te pido que despiertes de tu sueño letárgico y te pongas a trabajar en mi obra; busca estrategias para propagar la Hora de María, porque esta fuente de gracia ha sido dada a todos los hombres; necesito apóstoles que difundan esta devoción por todas las partes del mundo, si tú quieres ser uno de ellos, estaré muy agradecida contigo, el Espíritu Santo te inspirará la manera de hacerlo.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
