Espero que esta Hora de María sea medicina para ti y alivie tus sufrimientos
105. Espero que esta Hora de María sea medicina para ti y alivie tus sufrimientos
Si te consideras hijo de María, vive como un buen cristiano, convencido de tu adhesión y pertenencia a la Iglesia Católica, de que Jesús ha de ser tu salvación y el único camino que debes recorrer, de que la práctica de los sacramentos son pieza clave en tu crecimiento espiritual. El verdadero hijo de María evita el riesgo, aún se considera débil, huye de todas aquellas cosas que puedan despertar en él la tentación; sus pies los tiene bien puestos en la tierra, pero su mirada y su corazón en las cosas del Cielo.
Un hijo de María evita siempre contristar el Corazón de Jesús, el Evangelio lo lleva escrito en su mente y arraigado en su corazón.
Esta es mi llamada de amor para este día. No te expongas al peligro, puedes perecer en él; no te inquietes, conserva la paz, aun en la cruz debes encontrar deleite y la oportunidad de salvación.
Espero que esta Hora de María sea medicina para ti y alivie tus sufrimientos ya sean morales, espirituales o físicos.
Espero que esta Hora de María te lleve a tomar conciencia de lo que es la verdadera vida, vida regida por los principios de Cristo y no por los criterios del mundo que tanto mal han causado a muchos de mis hijos.
Espero que esta Hora de María te lleve al despertar de un nuevo amanecer y te sientas perdonado, poseído por el amor de Dios, inflamado por la paz de Cristo.
Espero que te comprometas y te decidas por una vida nueva.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 12, 14-21
En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.
Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron.
Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.
Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».