Añoraba este precioso momento y aprovechar cada minuto para instruirte y acrecentar en ti el amor por el Sagrado Corazón de Jesús, y despertar en ti un gran interés por los asuntos del Cielo.
En ti está sucediendo algo extraordinario y quizás aún no te has dado cuenta. Estás siendo adoctrinado con la sabiduría divina que te hará santo, virtuoso, practicante del Evangelio; estás siendo transformado de manera sorprendente. Ten siempre en cuenta que Jesús trabaja con mucha sutileza en el alma, es muy delicado, jamás irrumpe la voluntad humana; respeta siempre la decisión de los hombres, por eso te da libertad para elegir el camino del bien o del mal, para que escojas la salvación o la condenación eterna.
Entrega en mis virginales manos todas las intenciones de tu corazón, enuméramelas una a una; no re dejaré ir sin que hayas recibido alguna gracia.
Jesús se estremece de amor con tu oración y sacrificio. Ve y corre tras el Amor de los amores, ve y refúgiate en mi Inmaculado Corazón; como Madre siempre te protegeré y te defenderé de las asechanzas del demonio.
Como Madre te levantaré cuantas veces caigas y rogaré a Dios que te perdone, que no tenga en cuenta tus pecados, que te dé una oportunidad más y que te haga fuerte para derrotar al demonio.
Te propongo un estilo de vida distinto al que tú llevas y decídete por una vida mariana, consagrada, de lleno a mi servicio porque muchos serán los bienes que obtendrás de Dios si me honras y me amas sinceramente, puedo ofrecerte los tesoros de la Misericordia de Dios y pedirle a Él que te trate con suavidad y compasión.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden: «Sí».
Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.