La Hora de María es escuela de amor en la que te impartiré sabiduría divina
91. La Hora de María es escuela de amor en la que te impartiré sabiduría divina
Hijo mío, qué alegría el poder verte de nuevo y poder estrecharte en mi Inmaculado Corazón; qué alegría saber que sientes necesidad de buscar el consuelo solo en Mí, porque muy en el fondo de tu corazón sabes que la Hora de María es la gran manifestación de Dios para este tiempo, es una oportunidad maravillosa de crecimiento espiritual, es un regalo de la Madre del Señor para toda la humanidad.
La Hora de María es luz en tu camino, fortaleza en tu debilidad, desahogo en tus problemas y en tus momentos de dificultad.
La Hora de María es escuela de amor en la que te impartiré sabiduría divina para que nunca más seas arrancado abruptamente de la verdad.
La Hora de María es una lluvia de gracia celestial brotada desde lo más profundo de mi Inmaculado Corazón, para bañar y purificar el corazón de todos aquellos que han sabido acoger esta devoción.
Te llamo a descansar en el Corazón de Jesús; entrégale a Él tus angustias, tus necesidades y pídeme que interceda por ti. Convéncete de que siempre te escucharé y secaré tus lágrimas cuando estés triste y no puedas controlar el llanto.
Alma reparadora, haz un acto de reparación, porque algunos de mis hijos continúan inmersos en el mundo y Satanás juega con ellos como si fuesen sus títeres.
Clama el perdón de Dios por todos los pecadores que aún no buscan la reconciliación y el perdón del Señor.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate- y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - entonces dice al paralítico -: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.