Espero que prestes suficiente atención a mis palabras y nadie te distraiga, ni aun tus pensamientos volátiles, ni las cosas o situaciones que tienes a tu alrededor.
Hoy dedica tiempo a la oración y aprende a escuchar la voz de Jesús que te habla al corazón.
Hoy encuéntrate Conmigo por medio de mis consejos y no tengas prisa, el Señor prolongará el tiempo para que no descuides tus obligaciones de estado; aprovecha esta gracia extraordinaria de que haya venido a ti a formarte como mi esclavo de amor, porque el mundo, el demonio y la carne no te pueden subyugar ni apartar de los caminos que te llevan al Cielo.
Debes ser libre en el amor de Dios, debes trabajar arduamente para que adquieras la pureza de tu corazón y vivas como si fueras un ángel descendido del Cielo a la tierra.
Un esclavo de amor vive para el Señor; sus acciones y aun sus mismos sufrimientos los ofrece como actos de reparación a su Sagrado Corazón y a mi Inmaculado Corazón; lleva vida mariana imitando mis virtudes y dejando que siembre en su corazón azucenas de pureza, rosas que expelen olor a santidad, lirios que huelen a fragancia de castidad y amor desbordado por Jesús. Un esclavo de amor renuncia a sus propios criterios y acomoda su vida a las enseñanzas de Jesús; hace una ruptura con todas las cosas que pueden interferir en su proceso de conversión; se adhiere totalmente a la Palabra de Dios.
Un esclavo de amor huye de la vanagloria, sus obras buenas las realiza a ocultas, día a día crece en los actos de piedad y de oración; la sed insaciable de alcanzar el Cielo lo lleva al santo temor de Dios y a una búsqueda de trascendencia y de crecimiento espiritual.
Un esclavo de amor sabe que Conmigo ha recibido toda clase de bienes, porque poseo tesoros en abundancia para enriquecer a todos los que me aman y se muestran al mundo como verdaderos apóstoles e hijos de María.
Un esclavo de amor está convencido de que ningún pecador que se encomiende devotamente a Mí perecerá en el fuego del infierno, porque avivaré su confianza en Dios, sensibilizaré su corazón para que llore amargamente sus pecados y se arrepienta de haber ofendido al Corazón del Salvador.
Pídeme cuánto quieras, pues Jesús me ha destinado a ser Madre de Misericordia, refugio de los pecadores y abogada de todos los hombres, para ser alivio y remedio de todos sus males.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿ cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».