Haz el esfuerzo de convertir tus debilidades en fortalezas
LA HORA DE MARÍA
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?
Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: “Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”.
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: Tiene un demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».
Palabra del Señor
152. Haz el esfuerzo de convertir tus debilidades en fortalezas
Apóstol de mi Inmaculado Corazón, no busques los deleites del mundo porque puedes perecer, puedes ser lanzado al fuego eterno del infierno, puedes sufrir las consecuencias a la desobediencia a las leyes de Dios. Mantente siempre firme en tu fe, no te dejes tambalear como los árboles en medio de una fuerte tempestad.
Recuerda siempre que como alma reparadora debes llevar grabado, impreso en tu corazón los instrumentos de la sagrada pasión de Jesús. No puedes estar ajena ante el dolor de tus hermanos, ayúdales a sobrellevar las cargas llevándoles una voz de aliento y de esperanza.
Haz un acto de reparación porque no soy amada por todos los hombres; muchas veces el Rosario es menospreciado por muchos de mis hijos, cuando es la oración que más me agrada.
Haz el esfuerzo de compartir el pan con el hambriento, el vestido con el desnudo; recuerda que la reparación debe ir unida a las obras de caridad y al sacrificio.
La reparación debe revertir en ti un cambio notorio, en tu comportamiento y en tu pensamiento; la reparación te debe llevar a convertirte en un árbol con muchas flores y muchos frutos.
Haz el esfuerzo de convertir tus debilidades en fortalezas. El pecado te puede llevar a la ruina, a la destrucción, al caos; el pecado te separa totalmente de Dios.
Entrégame de nuevo tus preocupaciones y tus necesidades; Jesús se moverá en ti de acuerdo a su Divina Voluntad.
Mi oración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores.