LA HORA DE MARÍA
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
- "Mujer, ahí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo:
- "Ahí tienes a tu madre".
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
Palabra del Señor
Reflexión del Evangelio de hoy
“Ambicionad los carismas mayores”
Todos nosotros hemos recibido dones únicos y es esa rica y hermosa diversidad la que nos permite aspirar a la unidad de la que nos habla san Pablo. Decía Santa Catalina de Siena que Nuestro Señor, en su inmensa sabiduría, nos había hecho a todos distintos para necesitar unos de otros.
¡Ay! Si tuviésemos su visión nos daríamos cuenta, con toda claridad, que la excelencia solo se alcanza cuando en la familia, en la fraternidad o en la comunidad, se entretejen los dones de sus miembros, generando sinergias que van mucho más lejos de lo que alcanzaría el mejor, el más apto o el más capaz de sus miembros. Nadie es tan pobre que no tenga algo que aportar ni tan rico que se baste a sí mismo. Como decía un filósofo latino del siglo segundo: Uno a uno todos somos mortales. Juntos somos eternos (Julio Apuleyo)
Los carismas mayores -que no mejores como hemos leído muchas veces- son los reunidos por el amor que es el ceñidor de la unidad consumada (cf. Col 3,14)
“Junto a la cruz de Jesús”
Muchas veces me he preguntado el por qué casi todas las mujeres que aparecen en los evangelios cerca de Jesús tenían como nombre María, como su madre. También sucede en este breve pasaje del Evangelio de san Juan, el discípulo amado. María podemos ser cualquiera de nosotras que queremos sinceramente seguir a Jesús hasta los pies de su cruz.
Imagino la escena y me sitúo cerca del lugar que nos indican, en el Santo Sepulcro de Jerusalén, que se encontraba María con otras mujeres y el discípulo sin nombre: ese resto pobre de Israel que todo lo espera del Señor. Excepto este pequeño grupo, todos habían huido llenos de miedo, también de dolor, para no presenciar aquel escarnio: el maestro bueno, el amigo maltratado, despojado y expuesto, también a la indiferencia. Ellas seguían allí con sus ojos fijos en su rostro y atentas a sus últimas palabras.
Contemplamos la escena como si se tratase de una nueva Anunciación en la que el Hijo se convierte en mensajero de la nueva maternidad universal de María. Con el discípulo amado, que permanece a los pies de la cruz con las mujeres que tanto amaban a Jesús, nos podemos sentir acogidos maternalmente, recibiendo el amor incondicional que nos regala su generoso corazón.
151. Repara por aquel tiempo en que anduviste desviado del camino
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores.



