Quiero decirte que el pecado es el obstáculo número uno para tu salvación

 

LA HORA DE MARÍA

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Palabra del Señor


146. Quiero decirte que el pecado es el obstáculo número uno para tu salvación

Hijo, quiero decirte que el pecado es el obstáculo número uno para tu salvación, porque deforma tu alma, te pudre espiritualmente, te hace esclavo de Satanás, pierdes toda libertad; entra en tu corazón el desánimo, la soledad, empiezas a sentir que nada te llena y vas perdiendo la ilusión de vivir.
El pecado te domina, se roba las gracias de Dios, opaca la luz de tu mirada. Tu rostro se torna sombrío, triste, te embrutece y aumentará en ti las apetencias de la carne. Una fuerza extraña te arrastrará a la perdición.
El pecado te hace soberbio, testarudo, endurece tu corazón como pedernal; te ciega, te enmudece y te imposibilita para que no pienses que existe el infierno.
El pecado te aísla de tu entorno, pierdes la vergüenza, te vuelve cínico, fastidioso, intolerante, hace que te olvides de Dios, te hace incrédulo hasta hacerte dudar de que existe el Cielo; de momento te hace feliz pero después el demonio te pasa su cuenta de cobro, se reirá a carcajadas, porque fuiste tan iluso que te dejaste engañar y despreciaste a Jesús, te burlaste de Él, lo crucificaste de nuevo.

Mi oración: 

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

FUENTE: LA HORA DE MARÍA de la Comunidad de Siervos Reparadores




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