01. Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 12-19
En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
Palabra del Señor
02. Homilía del día
03. Reflexión personal
Nuestro Señor nos enseña que para tomar cualquier decisión, debemos orar al Padre. Él, antes de elegir a los doce, oró esa noche y se decidió por personas como tu y como yo, no personas perfectas, sino personas habidas del Amor de Dios. Desde entonces, la Iglesia, portadora de la Verdad en Cristo, nos enseña y nos hace comunidad de orantes en la Fe, obreros en la construcción del Reino, ya aquí, en la tierra.
04. La Hora de María
188. Reza por todos los que sufren del alma y del cuerpo
¿Qué quieres que haga por ti en este mismo instante? No tengas ningún temor en abrirme tu corazón. He venido a ti a prestarte mi auxilio, mi socorro maternal. Es importante que me hables con sinceridad, no me escondas tus sentimientos o tus temores; Yo como buena Madre intercederé por ti ante Jesús.
Quiero que me entregues tus preocupaciones, la causa de tu insomnio. El Señor suele escuchar mis súplicas; cómo no abogar por ti, mi esclavo de amor.
Reza por todos los que sufren del alma y del cuerpo, por todos aquellos que han perdido la libertad y se encuentran esclavizados por el pecado; el demonio los domina en su voluntad y los lleva a los niveles más bajos de la degradación moral, los separa de Dios. Lloro lágrimas de sangre por estos hijos míos que traspasan el Corazón de mi Divino Hijo, y mi Inmaculado Corazón también padece porque el dolor de Jesús es mi mismo dolor.
Repara por todas las veces que despreciaste el amor de Dios y el mundo te tenía amarrado, tu mente embotada; no podías pensar por ti mismo, desconocías las consecuencias nefastas que trae consigo el pecado. Aun en aquella etapa de tu vida en que anduviste por caminos diferentes a los de Jesús, permanecí a tu lado protegiéndote del peligro, y no te diste cuenta cuando te tomaba de mis manos e impedía que cayeras al abismo. Como Madre me compadecí de ti, rogué a Jesús que te diera una nueva oportunidad y te llamara.
Alma reparadora, agradécele a Jesús, porque ha tenido Misericordia contigo; donde sobreabundó el pecado, sobreabunda la gracia.
Fuente: La Hora de María, Comunidad de Siervos Reparadores.
05. Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
06. Para meditar
Señor, ten Misericordia de mí, porque donde sobreabundó el pecado, por tu Misericordia, sobreabunda la Gracia.
