01. Evangelio del día
02. Homilía del día
03. Reflexión personal
Cuanto quiero Señor que me transformes, que me transformen tus Sacramentos, que me convierta; para ello, he de dejarme hacer y he de abrirme a Ti en cuerpo y alma, sin interferencias por mi parte, pues Tu sabes muy bien lo que es bueno para mi, pues eres mi Padre.
04. La Hora de María
187. Te llamo a poner en orden todas tus cosas
Alma reparadora, nadie puede interponerse en nuestro amor, nadie puede interferir en los proyectos de Dios. Te llamo a la fidelidad y a la perseverancia, ninguna circunstancia puede ser motivo para que pierdas el amor por el Señor. Refúgiate siempre en mi Inmaculado Corazón y aprende a cargar con la cruz de cada día, atesora riquezas para el Cielo y no pienses tanto en el futuro, a cada día le basta su propio afán.
En este instante pídeme las gracias que necesitas para tu salvación y entrégame tus miserias para que Jesús se glorifique en ti. Como mi esclavo de amor el demonio no podrá atacarte, soy tu defensa; espero que mis consejos maternales los apliques en tu vida diaria. No puedes perder el tiempo en las bagatelas del mundo, aprovecha cada minuto de tu vida para alabar y glorificar a Dios.
Como mi esclavo de amor, vive en coherencia perfecta al Evangelio; cuidado con una doble vida, algunos de mis hijos se revisten de una falsa piedad, aparentan ser buenos cuando en sus corazones hay moho, podredumbre.
Te llamo a poner en orden todas tus cosas. Para entrar en el Reino de los cielos debes hacer vida en tu vida la Palabra de Dios, debe brillar en ti la luz.
El aceite y el agua no se mezclan entre sí, ¿ qué camino quieres emprender? ¿El camino del bien o el camino del mal? La Hora de María es una hora de Misericordia, porque Dios me permite venir a ti a aconsejarte, a alertarte de los muchos peligros que tienes a tu alrededor, y a conducirte por los caminos angostos y pedregosos que te llevan al Cielo.
Fuente: La Hora de María, Comunidad de Siervos Reparadores.
05. Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
06. Para meditar
Dios mío, líbrame de la falta piedad; no quiero aparentar ser alguien bueno y en verdad solapar una humanidad contraria a Ti, llena de pecado. Quiero ser coherente con el Evangelio y que mi vida sea toda Tuya.
